jueves, 31 de marzo de 2011

Ya nunca llovería en París (11 rue Payenne)


ilustración y texto a cargo de Marta Nh
vida creada para Cecilia Gañán de Molina


".... -    Hasta mañana, Cécile – dijo Marcel desde la acera de enfrente mientras se tocaba la nuca.

-   11,Rue Payenne, si’l vous plaît.

Cerró con fuerza la puerta del taxi, sin perder de vista los zapatos de Marcel. Ya apenas acertaba a distinguir su silueta, pero seguía diciendo adiós con la mano por la ventanilla. Inesperadamente le brotó un suspiro, y esta vez tuvo conciencia de que quizá podría enamorarse de alguien como él.

Mientras recorría las últimas calles de Marais antes de llegar a su casa, pensó que era buen momento para dejar el ático. Podría avisar al casero esa misma semana y seguramente no tendría problema en encontrar algo más acogedor en la zona. Después de todo ya apenas se sentía parte de ese espacio.

Llevaba tiempo tomando capuccinos y croissants con Marcel. Había atardecido en los ventanales de casi todos los cafés de la ciudad mientras inventaban historias. Su preferido desde el principio fue Le café suédois. Estaba a pocas calles y siempre acababan subiendo a casa por las escaleras, y al abrazarse aún respiraban el olor de su pelo a mantequilla.

Anoche había sido especial.

En casa de Diane se reunía gente de muchas clases. Algunos ni siquiera tenían nada en común con ella más que haber compartido un café en la máquina de la oficina. Sin embargo, era única mezclando quesos, Bordeaux y tipos peculiares.

Por alguna extraña razón, esta vez solamente habían ido conocidos. Y todo apuntaba a que habían conspirado para que Marcel y Cécile acabasen hablando en un rincón ajenos a la música de fondo de Charles Aznavour. Esta vez no habría "Venecia sin ti", pensaba ella esperando alguna señal para sentirse arropada por sus largos brazos.
A Marcel siempre le había gustado la chica de las boinas de colores. Le parecía tan especial que perderla entre tanta parisina antipática sería un error imperdonable.  Sin dudarlo, le cogió por la cintura y le arrastró hasta encontrarse. Y bailaron como bailaban las parejas antes... Ya nunca llovería en París."

lunes, 28 de marzo de 2011

Rue Pierre Charron 53 (Miracle a Paris)


ilustración y texto a cargo de Stefanya Fontecilla Chudoba
vida creada para María Fernández Tamargo

 " Le printemps fleurit en rue Pierre Charron. Tandis que Paris dort encore, un bébé suit le dragon de ses rêves... "

Con los primeros rayos de sol, París reluce en su esencia.El alba abre las puertas a dulces olores que se mezclan entre si. Los croissants recién hechos acompañan la apertura del Café en rou Pierre Charron, 53. Mientras las sillas se amontonan aun vacías bajo los toldos.

Philippe, nervioso, corre de un lado a otro de la casa. Hoy tiene una reunión importante y no esta seguro de poder acompañar a su hija al colegio."¡Vamos Lilly!", grita desde la cocina. La pequeña arrastra su mochila con fatiga.

Luc, el bebé de la familia, duerme aun en su cuna, sus últimos sueños están llenos de aventuras donde revive todas las emociones del día anterior. Corre, corre, se dice a si mismo en el sueño. Desearía caminar como hace mamá y correr como esos niños que ha visto en el parque. Tal vez de esta manera conseguiría atrapar uno de los dragones que acompañan sus pensamientos, capturarlo, o al menos llegar a tocarlo. "¿Pero dónde se ha metido ahora este simpático dragón? " Luc abre los ojos, tras los barrotes ve el reflejo de la criatura en la ventana. Espérame, piensa el bebé, no me dejes. No, no llora, se desliza silencioso hasta la ventana, no sabe caminar pero gateando no hay quien lo pare.

El trafico cercano empieza a ahogar el canto de los pájaros, Phillippe acelera el paso, tendrá que saltarse su rutinaria parada en el café. Cuando pasando  por delante, un ruido   extraño lo bloquea, un segundo, algo cae desde el cielo, rebota contra el toldo, ¿vuela?, ¡no!, ¡es un niño!. Philippe abre los brazos al cielo, la luz lo ciega y el pequeño cae entre sus temblorosas manos. Una cigüeña muy despistada ha cogido el vuelo esta mañana, piensa Philippe, emocionado y aturdido entre el caos de la gente. Horas después todo es un simple recuerdo, la ciudad vuelve a su ritmo de vida. Será solo una noticia del periódico de mañana, de un nuevo café, de un nuevo sueño...

viernes, 25 de marzo de 2011

martes, 22 de marzo de 2011

Montmatre en invierno


ilustración por Ester García
texto a cargo de Cristian Alcaráz
vida imaginaria creada para pedro j. okña


Por las noches, París cambia su ego por disculpas, por el frío, por la nieve y los labios cortados, por la necesidad de refugio en cualquier parte.
Hace frío en Montmatre. Miro por la ventana de mi habitación y la ciudad me devuelve una postal en blanco y negro. Imagino que estoy dentro de una película de Godard y me transformo en vanguardista, en espejo de una soledad que me merezco y de la que estoy totalmente encantado.
No sé qué hacer.
Miro de reojo el lavabo. Siento la necesidad de encontrarme en esta ciudad tan fría. Rebusco entre los perfumes del armario y encuentro una maquinilla de afeitar. No me lo pienso dos veces y comienzo a desnudarme la cabeza. El pelo cae al suelo como gotas de ácido sobre la piel de un niño. Siento la libertad en las palmas de las manos, me gusta.
Ahora siento el frío de verdad. Los pelos de la nuca se erizan, los dedos de las manos se entumecen, mi corazón se vuelve más rojo y más duro, más cruel y más propio. Soy inverso –pienso–, me proclamo esquizofrénico número mil en esta ciudad de desquiciados.
Corro por las calles, me tropiezo, intento imaginar una vida en París peor que la mía, sigo corriendo, me falta el aire, tropiezo de nuevo y caigo en la acera. No sé a dónde ir. Nadie me está esperando. Duele este invierno.
Las avenidas ya no huelen a crepes, la nieve se apodera de mis pasos, los poetas no escriben en Montmatre esta noche. Entro en las iglesias para sentir el calor, junto con los vagabundos me tomo una copa de vino.

viernes, 18 de marzo de 2011

121 Boulevard St Michel




texto a cargo de Luisa Bernal
vida creada para p.strange

Las 8. Mi españolito debe estar al llegar. A ver qué me cuenta hoy...no creo que me supere: estoy convencida de que hoy ha venido el ganador de la semana...
He pasado toda la tarde con un aire nostálgico recordando nuestro primer encuentro: cómo por casualidad elegimos a la misma persona en el mismo lugar, cómo surgió un proyecto de vida en común... Aún dudo si cuando nuestro mecenas, Pierre, nos retó a darle rienda suelta a nuestra imaginación por separado, ya vislumbraba lo que acabaría pasando...
Pierre viene cada jueves a las 5,30 p.m. a Rose de Java, la librería de la Rue Campagne Première en la que trabajo desde hace 4 años. Se me agotaron las novelas policíacas excitantes que ofrecerle, abandonaba la tienda con aire triste... -me pregunto si todo era parte de una actuación premeditada-. Una tarde me esperó y me ofreció invitarme a un café si le contaba una historia. Para él, nunca daba detalles suficientes; me faltaba experiencia, me dijo. Casi me ofendí. 
El jueves siguiente me preguntó si estaría dispuesta a adquirir más conocimientos. Contesté que sí casi sin pensarlo y la rueda se puso en marcha y empecé a ganar mucho dinero por "mis historias". Si alguien se pregunta si en algún momento tuve remordimientos de que el paso previo a contar las historias fuese hacerlas realidad, le responderé cómo resolví el dilema: cada semana elijo a la persona que peor se comporta en la librería. Le suelo dar una segunda oportunidad haciendo caso omiso a su primera impertinencia pero no suele fallar: el que es mezquino se reafirma en todos sus actos.

Cambien el sujeto de esta historia por una tercera persona, donde leen jueves, imaginen un miércoles; cambien la Rose de Java por  Le Petit Prince, la librería del 121 del Boulevard Saint-Michel... y ya tienen la historia de Benjamín.
Algunas veces me gustaría que nuestro proceso de selección fuese más flexible. Siempre tenemos una guapa detective pelirroja con boina verde al acecho a la que no me importaría hacer que dejara de molestar. Sé que Benjamín no lo aprobaría y, sin duda, sé que sospecharía de mí si desapareciera así que ahora tengo un nuevo entretenimiento mientras me aburro esperando a que alguien entre en la librería: imaginar cómo deshacerme de ella esquivando a quien conoce todos mis trucos hasta el momento...

miércoles, 16 de marzo de 2011

rue Frederic Sauton 13







fotografías y texto por Agnes Deer
vida creada para Douxamer

Me encanta París, cada estación del año en esta ciudad es una aventura inolvidable, un ir y venir de luces y sombras que bailan al ritmo de una canción antigua. Quizás por eso me sorprendí al notar lo rápido que cambió mi vida cuando me llamaron para trabajar en la galería de arte. Recuerdo vagamente las primeras semanas en el hotel de la Place Pigalle, antes de irnos a vivir al 13 de la Rue Fredéric Sauton. La calle donde vivimos ahora no sale en muchos mapas pero tiene una situación privilegiada. A veces, si escuchas con atención se pueden oír las campanas de la catedral de Notre Dame, desde donde las gárgolas nos contemplan eternamente en lo alto.

Mi vida en esta ciudad se ha convertido en la “vie en rose”. Llego a creerme que el agua de París es capaz de curar todos los males porque cuando las nubes lloran París parece pronunciar su magia.  En días así , nos quedamos en casa con nuestra gata, Choux. Nos levantamos tarde bajamos a la boulangerie de debajo de casa y desayunamos croissants beurre que se deshacen en migas que más tarde recogerá Choux con sus patitas. A veces, en los días en los que la luz abraza, nos levantamos más temprano y vamos a los jardines de Luxemburgo. Yo con mi cuaderno de dibujo, Steve con su cámara, y para los dos una botella de vino que beberemos dejando que el glamour sea parte del arte de tenernos cerca.

Todo un mundo de felicidad se esconde en las calles de esta femme fatale, aún por explorar, aún por hacerla nuestra. Ahora, que lo pienso, mis ojos lo captan todo, el día a día me crece con la necesidad de revelar carrete sobre la espalda de este mundo tan francés y por fin casa. En poco más de un año Steve y yo hemos recorrido cada calle de Marais a Montparnasse. Él, yo y París, un perfecto menage a trois. La ciudad del amor es sin lugar a dudas el sitio donde me siento por fin capaz de querer. Muchas tardes cuando vuelvo de trabajar cruzo la Place de la Concorde y me paro a contemplar una ciudad hecha a la medida de la historia que estoy viviendo ahora.

Las estaciones pasan y ya no me siento una extraña, después de más de un año trabajando y viviendo aquí. París realmente te da la bienvenida, es la mejor habitación de la casa. París es ahora, el mundo entero para mí.

lunes, 14 de marzo de 2011

Rue de la Chapelle





texto y collages de Charlotte Goeders
vida creada para Betty Bundy

Me encanta París!... Es mucho más grande de lo que imaginaba... pero es sin duda lo que más me gusta de esta ciudad; poder pasearme por sus calles diminutas llenas de vida, detalles y sorpresas, sin rumbo y fingir que estoy perdida en no sé qué arrondissement. Aunque en realidad, casi nunca consigo desorientarme ya que el Sena es mi punto secreto de referencia.
El Pont des Arts es el paso obligatorio de todos mis paseos, este pequeño trozo de madera rodeado por agua, desde dónde París parece una postal, mires por donde mires... Parece que desde aquí el tiempo no pasa, y todos los transeúntes: turistas, parisinos pequeños, grandes, ricos, pobres, intelectuales, pintores, bohemios, vagabundos, se reúnen en este puente para ver como se detiene la ciudad durante interminables horas...
Si, me encanta París, y no me canso de decirlo. Levantarme por las mañanas, ponerme un abrigo muy gordo encima de mi pijama de flores y mis amadas UGG, para correr a la boulangerie de la esquina a por mi croissant y pain au chocolat es uno de mis mayores placeres. Este olor dulce y casero, lo disfruto con mis 5 sentidos y mientras vuelvo a casa y contemplo cómo se despierta la ciudad, me imagino cómo voy a degustar mis trofeos con el buen café que me está preparando Jules, en mi pequeño refugio de la rue de la Chapelle.
Tengo que subir 5 pisos andando, pero los croissants lo merecen, mientras subo el olor embriagador me lleva como a una plumilla por la robustas escaleras de madera.
Vivo en un estudio muy coqueto, pequeñito pero perfecto, tiene el tamaño ideal para Jules, mi gato Lulú y yo. Tiene vigas vistas en el techo y ventanas en cada habitación, y desde ellas contemplamos tejados y más tejados. Como me gustan! Y a Lulú creo que más. Se escapa y cuando vuelve, parece que me está sonriendo... ¿Que habrá hecho?
Jules es fotógrafo, le conocí oliendo flores en el mercado del XVIII. En realidad mientras las olía, un bicho enorme salió de su escondite para darme un buen pellizco en la nariz, supongo que era su manera de saludarme...
Jules me estaba observando a través de su cámara y le pareció tan graciosa la situación que no pudo evitar apretar el disparador mientras yo, entre sollozos, intentaba disimular.
Me enseñó sus fotos e intenté sonreír, me invitó a un café y, a pesar de mi vergüenza, le dije que sí, pasamos toda la tarde juntos, y luego días y luego años...  Llevo dos fabulosos años con él. La fotografía es su gran pasión, siempre pasea su cámara, incluso si no la necesita. Me dice: "On ne sais jamais ce qu'il peut arriver"... y me mira con una sonrisa porque sabe que sé lo que está pensando....

Sí... me encanta París, no quiero irme de aquí, espero poder seguir pintando sus calles y algún día, si todo va bien, poder exponer en una de esas galerías de la rue de Seine que tanto me gusta.