miércoles, 6 de abril de 2011

Place Vendôme

 
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Fotografía y texto a cargo de Esther Giné
vida creada para María Fernanda Aldorino

ÉL
Alguien me dijo que París era mágico y ese alguien no se equivocó. Ha dejado de llover. No encuentro las llaves de la vespa. Está tan guapa en esa foto en blanco y negro. ¿Dónde está el móvil? Hoy hace un año que nos conocimos. Al final voy a llegar tarde a nuestra cita. No puedo dejar de pensar en como me cambió la vida por no coger el metro aquel día. En apenas unas horas vamos a encontrarnos, espero que le guste el regalo que tengo preparado para ella. Todos los días recuerdo como la vi salir de un edificio de la Place Vendôme y ya no pude apartar mis ojos de ella, la seguí durante un rato, parecía triste. Tengo que darme prisa casi son ya las 21 y aún tengo que ducharme. Sacó las llaves de su bolso y abrió la puerta de lo que parecía una pequeña galería de arte. En 20 minutos tengo que salir. Aquel día necesitaba hablar con ella, así que me armé de valor y me acerqué. Será mejor que pida un taxi porqué sino no llego. Estaba tan nervioso que soy incapaz de recordar lo que le dije, pero funcionó. Estoy en la puerta del restaurante, para variar ella siempre llega tarde. Recuerdo que ese día me dijo que sólo tenía media hora para un café porque en pocas horas inauguraba una exposición. La veo llegar y todavía me salta el corazón. Fueron 30 minutos llenos de casualidades, misterios y conexión. El camarero nos dice que ya podemos entrar, nos sentamos en el reservado, encima de la mesa hay dos velas encendidas. Me dijo el motivo por el cual estaba tan triste y le dije que si me dejaba intentaría encontrar la manera de solucionarlo. La veo venir, está preciosa con este vestido negro. Ahora que lo pienso nunca había actuado de manera tan impulsiva en toda mi vida pero valió la pena. Le brillan los ojos y eso me demuestra que está feliz conmigo. Nos estuvimos viendo cada día durante meses a costa de dormir poco. Seguro que va a pedir lo de siempre porque eso de arriesgarse con la comida no va con ella. Hace un tiempo nos tuvimos que separar un mes y fue duro no tenerla cerca, tenía miedo que se olvidara de mi. Podría pasarme la noche simplemente mirándola, me gusta como intenta disimular que no le gusta el vino. En una ocasión los celos me pudieron y estuve apunto de dejarla, pero entendí que me quería a pesar de todo. Después de los postres le daré mi regalo. Han pasado 12 meses. Abre el sobre que le doy, dentro hay una foto, una foto de un Golden Retriever. El regalo que lleva pidiendo a los reyes desde que era una niña, le espera en mi casa. 
ELLA
Alguien me dijo que París era mágico y ese alguien no se equivocó. Suena el despertador pero hoy ya no me cuesta levantarme. Esta noche hemos quedado. Se nota la primavera en el ambiente y por fin sale el sol. Recuerdo como noté sus ojos en mi espalda mientras abría la puerta de la galería. El día pasa lento y tengo la cabeza en las nubes. Tardó media hora en entrar y acercarse a mi. Después de comer iré a comprarme algo de ropa para la cena. Me dijo que no era ningún loco, pero que llevaba un rato siguiéndome. No tengo tiempo de volver a casa así que iré directa al restaurante. Me enamoré de él en ese preciso instante. Decido cerrar antes e ir paseando hacia nuestro punto de encuentro. Me encantaba pasar un ratito con él cada día, perdernos por las calles de París, ir al cine, ver exposiciones. Ya me está esperando, no hay manera que llegue puntual a los sitios. El mes que estuve fuera le eché mucho de menos y coincidió con nuestra peor época, él tenia razón estando mal, pero por suerte la situación nos fortaleció. Me abraza y entramos en el restaurante. La vuelta a la rutina después del viaje volvió a facilitar las cosas entre nosotros. Va a estar 20 minutos para decidir que quiere cenar mientras se ríe porque yo ya lo sé. Desayunos y comidas cada semana y escapadas de dos días de vez en cuando. Estoy tan ansiosa por darle el regalo que ni siquiera pido postre para que llegue antes el gran momento. Ha pasado un año y puedo decir sin dudar que él es el amor de mi vida, que por fin soy feliz. Solos tú y yo. Le acerco una pequeña nota, es su regalo, una nota donde está escrita la frase que cambiará mi vida, nuestra vida :

4-nota

lunes, 4 de abril de 2011

30 rue Lepic

1botas   

2retrato


3portal


4maleta

vida creada por Leticia Sagredo
texto a cargo de Javier Franco
vida creada para Mapi Usón
No era el mejor lugar, tampoco era el mejor día... llovía como cada jueves en París. Pero allí estaba yo, apurando las ultimas caladas de mi cigarrillo. En escasos minutos empezaría a llegar la gente. Mis primeras fotos, sus primeras reacciones, los primeros miedos... todo aquello me hacia sentir extraña... no era la situación que me imaginaba dos años atrás, cuando decidí dejarlo todo y marcharme a París. Empezar una nueva vida lejos, en la ciudad de las oportunidades donde todos somos extraños pero nadie desconocido.
Hubo un tiempo en el que soñaba con pintar, con enseñar mi obra a orillas del Sena... pronto pasé de pintar a ser pintada. Ello me excitaba, me sentía nerviosa y feliz a partes iguales. Nunca me vi posando para nadie y de pronto pase a ser su musa. Su única fuente de inspiración. Mientras el me dibujaba yo pasaba las horas pensando, observando curiosa, retratando cada pequeño detalle con mi cámara.
Cuando no estábamos en aquella bohardilla, el reloj recuperaba su ritmo. Horas y minutos pasaban fugaces, quizás más de lo que yo recuerde. Paseábamos por la ciudad, visitábamos exposiciones de amigos, galerías de amigos de amigos, también museos, acudíamos a desfiles de alta costura, tomábamos cafés con los más variopintos amigos, acudíamos a fiestas en terrazas, terrazas donde bebíamos vino, vino en copas, champán de sus labios. Reíamos e inventábamos; bromeábamos y nos distraíamos... Jamás, jamás nos aburrimos.
Con el paso del tiempo posar dejó de excitarme, de entretenerme, de gustarme, me aburría, tenía frío, estaba triste, ya no estaba enamorada.
Decidí mudarme a un pequeño piso en el número 30 de la Rue Lepic, con mis fotografías y mis recuerdos. De mi anterior vida parisina sólo conservé a una amiga. Ella tocaba el piano de cola, yo bebía vino, ella tocaba el piano, yo imaginaba de nuevo mi destino.

jueves, 31 de marzo de 2011

Ya nunca llovería en París (11 rue Payenne)


ilustración y texto a cargo de Marta Nh
vida creada para Cecilia Gañán de Molina


".... -    Hasta mañana, Cécile – dijo Marcel desde la acera de enfrente mientras se tocaba la nuca.

-   11,Rue Payenne, si’l vous plaît.

Cerró con fuerza la puerta del taxi, sin perder de vista los zapatos de Marcel. Ya apenas acertaba a distinguir su silueta, pero seguía diciendo adiós con la mano por la ventanilla. Inesperadamente le brotó un suspiro, y esta vez tuvo conciencia de que quizá podría enamorarse de alguien como él.

Mientras recorría las últimas calles de Marais antes de llegar a su casa, pensó que era buen momento para dejar el ático. Podría avisar al casero esa misma semana y seguramente no tendría problema en encontrar algo más acogedor en la zona. Después de todo ya apenas se sentía parte de ese espacio.

Llevaba tiempo tomando capuccinos y croissants con Marcel. Había atardecido en los ventanales de casi todos los cafés de la ciudad mientras inventaban historias. Su preferido desde el principio fue Le café suédois. Estaba a pocas calles y siempre acababan subiendo a casa por las escaleras, y al abrazarse aún respiraban el olor de su pelo a mantequilla.

Anoche había sido especial.

En casa de Diane se reunía gente de muchas clases. Algunos ni siquiera tenían nada en común con ella más que haber compartido un café en la máquina de la oficina. Sin embargo, era única mezclando quesos, Bordeaux y tipos peculiares.

Por alguna extraña razón, esta vez solamente habían ido conocidos. Y todo apuntaba a que habían conspirado para que Marcel y Cécile acabasen hablando en un rincón ajenos a la música de fondo de Charles Aznavour. Esta vez no habría "Venecia sin ti", pensaba ella esperando alguna señal para sentirse arropada por sus largos brazos.
A Marcel siempre le había gustado la chica de las boinas de colores. Le parecía tan especial que perderla entre tanta parisina antipática sería un error imperdonable.  Sin dudarlo, le cogió por la cintura y le arrastró hasta encontrarse. Y bailaron como bailaban las parejas antes... Ya nunca llovería en París."

lunes, 28 de marzo de 2011

Rue Pierre Charron 53 (Miracle a Paris)


ilustración y texto a cargo de Stefanya Fontecilla Chudoba
vida creada para María Fernández Tamargo

 " Le printemps fleurit en rue Pierre Charron. Tandis que Paris dort encore, un bébé suit le dragon de ses rêves... "

Con los primeros rayos de sol, París reluce en su esencia.El alba abre las puertas a dulces olores que se mezclan entre si. Los croissants recién hechos acompañan la apertura del Café en rou Pierre Charron, 53. Mientras las sillas se amontonan aun vacías bajo los toldos.

Philippe, nervioso, corre de un lado a otro de la casa. Hoy tiene una reunión importante y no esta seguro de poder acompañar a su hija al colegio."¡Vamos Lilly!", grita desde la cocina. La pequeña arrastra su mochila con fatiga.

Luc, el bebé de la familia, duerme aun en su cuna, sus últimos sueños están llenos de aventuras donde revive todas las emociones del día anterior. Corre, corre, se dice a si mismo en el sueño. Desearía caminar como hace mamá y correr como esos niños que ha visto en el parque. Tal vez de esta manera conseguiría atrapar uno de los dragones que acompañan sus pensamientos, capturarlo, o al menos llegar a tocarlo. "¿Pero dónde se ha metido ahora este simpático dragón? " Luc abre los ojos, tras los barrotes ve el reflejo de la criatura en la ventana. Espérame, piensa el bebé, no me dejes. No, no llora, se desliza silencioso hasta la ventana, no sabe caminar pero gateando no hay quien lo pare.

El trafico cercano empieza a ahogar el canto de los pájaros, Phillippe acelera el paso, tendrá que saltarse su rutinaria parada en el café. Cuando pasando  por delante, un ruido   extraño lo bloquea, un segundo, algo cae desde el cielo, rebota contra el toldo, ¿vuela?, ¡no!, ¡es un niño!. Philippe abre los brazos al cielo, la luz lo ciega y el pequeño cae entre sus temblorosas manos. Una cigüeña muy despistada ha cogido el vuelo esta mañana, piensa Philippe, emocionado y aturdido entre el caos de la gente. Horas después todo es un simple recuerdo, la ciudad vuelve a su ritmo de vida. Será solo una noticia del periódico de mañana, de un nuevo café, de un nuevo sueño...

viernes, 25 de marzo de 2011

martes, 22 de marzo de 2011

Montmatre en invierno


ilustración por Ester García
texto a cargo de Cristian Alcaráz
vida imaginaria creada para pedro j. okña


Por las noches, París cambia su ego por disculpas, por el frío, por la nieve y los labios cortados, por la necesidad de refugio en cualquier parte.
Hace frío en Montmatre. Miro por la ventana de mi habitación y la ciudad me devuelve una postal en blanco y negro. Imagino que estoy dentro de una película de Godard y me transformo en vanguardista, en espejo de una soledad que me merezco y de la que estoy totalmente encantado.
No sé qué hacer.
Miro de reojo el lavabo. Siento la necesidad de encontrarme en esta ciudad tan fría. Rebusco entre los perfumes del armario y encuentro una maquinilla de afeitar. No me lo pienso dos veces y comienzo a desnudarme la cabeza. El pelo cae al suelo como gotas de ácido sobre la piel de un niño. Siento la libertad en las palmas de las manos, me gusta.
Ahora siento el frío de verdad. Los pelos de la nuca se erizan, los dedos de las manos se entumecen, mi corazón se vuelve más rojo y más duro, más cruel y más propio. Soy inverso –pienso–, me proclamo esquizofrénico número mil en esta ciudad de desquiciados.
Corro por las calles, me tropiezo, intento imaginar una vida en París peor que la mía, sigo corriendo, me falta el aire, tropiezo de nuevo y caigo en la acera. No sé a dónde ir. Nadie me está esperando. Duele este invierno.
Las avenidas ya no huelen a crepes, la nieve se apodera de mis pasos, los poetas no escriben en Montmatre esta noche. Entro en las iglesias para sentir el calor, junto con los vagabundos me tomo una copa de vino.

viernes, 18 de marzo de 2011

121 Boulevard St Michel




texto a cargo de Luisa Bernal
vida creada para p.strange

Las 8. Mi españolito debe estar al llegar. A ver qué me cuenta hoy...no creo que me supere: estoy convencida de que hoy ha venido el ganador de la semana...
He pasado toda la tarde con un aire nostálgico recordando nuestro primer encuentro: cómo por casualidad elegimos a la misma persona en el mismo lugar, cómo surgió un proyecto de vida en común... Aún dudo si cuando nuestro mecenas, Pierre, nos retó a darle rienda suelta a nuestra imaginación por separado, ya vislumbraba lo que acabaría pasando...
Pierre viene cada jueves a las 5,30 p.m. a Rose de Java, la librería de la Rue Campagne Première en la que trabajo desde hace 4 años. Se me agotaron las novelas policíacas excitantes que ofrecerle, abandonaba la tienda con aire triste... -me pregunto si todo era parte de una actuación premeditada-. Una tarde me esperó y me ofreció invitarme a un café si le contaba una historia. Para él, nunca daba detalles suficientes; me faltaba experiencia, me dijo. Casi me ofendí. 
El jueves siguiente me preguntó si estaría dispuesta a adquirir más conocimientos. Contesté que sí casi sin pensarlo y la rueda se puso en marcha y empecé a ganar mucho dinero por "mis historias". Si alguien se pregunta si en algún momento tuve remordimientos de que el paso previo a contar las historias fuese hacerlas realidad, le responderé cómo resolví el dilema: cada semana elijo a la persona que peor se comporta en la librería. Le suelo dar una segunda oportunidad haciendo caso omiso a su primera impertinencia pero no suele fallar: el que es mezquino se reafirma en todos sus actos.

Cambien el sujeto de esta historia por una tercera persona, donde leen jueves, imaginen un miércoles; cambien la Rose de Java por  Le Petit Prince, la librería del 121 del Boulevard Saint-Michel... y ya tienen la historia de Benjamín.
Algunas veces me gustaría que nuestro proceso de selección fuese más flexible. Siempre tenemos una guapa detective pelirroja con boina verde al acecho a la que no me importaría hacer que dejara de molestar. Sé que Benjamín no lo aprobaría y, sin duda, sé que sospecharía de mí si desapareciera así que ahora tengo un nuevo entretenimiento mientras me aburro esperando a que alguien entre en la librería: imaginar cómo deshacerme de ella esquivando a quien conoce todos mis trucos hasta el momento...