martes, 1 de noviembre de 2011

Rue leon youhaux

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ilustración y texto a cargo de Sandra Martínez


Lucía el sol en cielo de aquella ciudad gris, mientras ambos cuerpos yacían bajo aquella buhardilla, y sus muslos y sus rostros acariciaban las sábanas.

Dos tazas de café para comenzar el día, y unas cuantas muecas de Marine al sorber aquel líquido caliente que encendía su cuerpo y le dejaba sin fuerzas, ahogándose de placer tendida sobre el parquet.
Él seguía entre las sábanas, rehusando levantarse, con los brazos sobre los ojos, mientras la carne se adhería ante aquel falso calor.
Porque había anoraks rojos por las calles y bufandas largas, pero el sol  era un mentiroso desde aquella habitación. Mientras tanto, allí dentro había remilgos sobre la mesa, croissants recién comprados y las pestañas entrelazadas, el amanecer había comenzado a nombrarlos.


Rue Leon Jouhaux, perpendicular de Quai de Valmy, y ella acariciando las verjas del edificio amarillo, de ventanas juntas y cortinas corridas.
Doce, catorce, dieciséis.
Viento entre las mangas de las cazadoras y el sol clavándose en sus espaldas.
Dieciséis, catorce, doce.
Cortinas corridas y ventanas juntas del edificio amarillo al que ya no le acariciaba las verjas, et accueil nouveau!


Pelaba Marine las remolachas a la espera del agua, del cazo, del vapor, mientras él quitaba el carrete, y les disminuía el estómago y se les agrandaba el corazón.
Cortaba el repollo y lo hervía a fuego lento , ella mujer de cabello recogido, torso firme y manos delicadas, cuyo retrato yacía sobre las manos de él,  sonriendo en la habitación contigua.
Sopa rusa sobre los cuencos y muchachos con hambre para vidas hambrientas.
Y distancia que descansaba sobre la mesa al terminar.
Mientras el silencio que trae el mediodía sonaba, como lo hacían las caricias entre sus cuerpos, desnudos sobre las sábanas.


Poca luz. Solo el color rojo asomando bajo la puerta, la diferencia entre la oscuridad total y la capacidad de revelarse está descrita en esta habitación que contiene a partes iguales silencios ciegos y amor. Magia y carretes apilados. Fotografías empapadas recién colgadas. A secar.

-¿Y se seca el amor? – preguntó ella sumergiendo otro papel.
Ellos lo hacían y jugaban con él mientras mezclaban líquidos y revelaban la tristeza de cada rostro.


Ahora está reflejado el de Marine y la tristeza la puede.
Sorbe el café y está amargo, más, mucho más que bajo aquella buhardilla en París. Y hace muecas hasta que la tormenta llega, y caen las lágrimas de sus ojos ,inertes, pálidos, poniéndolo todo perdido.
Y a cada trago más amargo el café, y a cada año más triste…

Y es que el amor necesita de tiempos y de habitaciones oscuras para completar sus ritos.

3 comentarios:

Engra dijo...

Precioso!! Me ha gustad muchísimo, tanto el texto como la ilustración, enhorabuena a su autora!

Sofie dijo...

Encaja bien la bonita ilustración con el texto. Vaya que me pareció muy bello. Me encantó como lo termina.
<3

Mery Arbi dijo...

Je ne savais pas sur votre blog et est trés interessante! Je te suivre maintenant, est-ce que tu voudrais me suivre?

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