miércoles, 27 de abril de 2011

Rue Gabrielle cerca de Sacre Coeur



ilustración a cargo de Marta Diez
texto a cargo de Cristian Alcaraz
vida creada para Rosario

Por la cristalera de mi estudio observo la vida de los abandonados, que, al igual que yo, se dedican a contarse los dedos de las manos cuando sudan. Supongo que creen que se pueden derretir los huesos cuando estás nervioso, delante de alguien que te mira y no sonríe, que planea algo y no sabes qué.

Me dedico a coser y descoser ideas y vestidos en la calle gabrielle, cerca del Sacre Coeur y de la lluvia. A mi estudio vienen artistas y señoras de la alta sociedad francesa, tan delicada. Y cada día un pinchazo, un color desnudo en sus espaldas, las malas formas.

Aline Charigot, una de mis clientas más concienzudas, resulta ser la esposa de un tal Renoir, un hombre borroso. Encargaba trajes largos, rojos y claros a veces, sombreros con plumas, lazos grandes y zapatos con poco tacón. Sobria siempre, también negada por las opiniones personales.

Mientras Aline entró al aseo, Renoir empezó a mirarme apuntando mi estatura con un carboncillo en un papel muy rugoso. Me sentí observada y sin piernas. Le miré de reojo, ofreció pintarme a la mañana siguiente. Me negué. A las 17:46 se marcharon del estudio. le dije a Renoir en voz baja que estaría esperándole a las 11:30 del día siguiente.

Apareció a las 11:27 con un cuaderno bajo el brazo. Renoir, Renoir, que no hablaba, que miraba delineando un cuerpo, mi cuerpo. Renoir que por la mañana pinta desnudos y después desayuna algo caliente. Renoir, que dijo en un susurro: adelante, tus ojos son míos durante estas horas, no mires hacia el mar, desnúdate y calla.

Yo, confiada, experta en vulnerabilidad, me desnudé los hombros, después las piernas, después todo se hizo calor y dudas. pensé en el mar de París y en la utopía de un corazón amarillo que cae de la encimera. Como se se tratara de una canción olvidada hice memoria de las veces que he llorado delante de un hombre, me conté los dedos de las manos y me dejé respirar por el pintor que no tenía garganta.

Mis dedos parecían agua, mi piel escamas. Me senté sobre un paisaje.

3 comentarios:

Engra dijo...

Muy bonito!! Y la ilustración preciosa, muy acertada!!!!

LOTTILOU dijo...

Qué chula la ilustración!

Maria H. Sanchez dijo...

Hola!! Me gusta tu blog!! Voy a seguir cotilleando, pero antes de despedirme quería invitarte a mi baúl, por si quieres compartir algún sueño con todos los amigos de Coquette. Te espero!
Hasta pronto =)

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