domingo, 9 de octubre de 2011

30 Boulevard Capucines

aliciavarela
ilustración a cargo de Alicia Varela
texto a cargo de Blanca Valdivielso
vida creada para Engra

Cuando llegué a vivir a Rue des Capucines lo hice por ver la Ópera. Por tener cerca a los fantasmas de los músicos que habían pasado por su escenario. Seguí tocando en jam sessions que acababan de madrugada en las que podía desembarazarme de mi tristeza intentando que el público se quedara con ella. El saxofón me ayudaba a vivir, a seguir en esa ciudad hostil en la que a veces se convierte París.Tenía trabajos que duraban poco pero que daban de comer. Me mude aquí tratando de escapar de él y, al poco tiempo, me empezaron a llegar cartas de amor anónimas. Algunos días acaban con la melancolía que me acompaña desde hace meses y otros me hacen llorar al sorprenderme escribiendo los nombres de todos aquellos hombres que me han acompañado en distintos momentos de mi vida y que nunca han llegado a conocerme tan bien como el escritor anónimo. Son cartas escritas a mano, tan extraño en nuestro mundo 2.0, y sus palabras tienen música. A veces las acompaño con mi saxofón.
MadameLaurent, mi vecina, me adoptó como a una hija. Cenábamos juntas varios días a la semana y me contaba cosas sobre su ex- marido. Le encantaba hablar de cómo habían decidido montar la tienda de lencería que había en el portal de al lado. Me regalaba conjuntos de ropa interior y me explicaba en que momentos debía llevarlos. Sin darme cuenta, un día estaba trabajando a su lado. 
Hoy ha venido un cliente a comprar un conjunto y me ha pedido consejo. Me ha dicho que cree que a la chica que le gusta le pega la seda y el encaje. Tiene que ser negro. Estaba escribiendo una partitura nueva para vomitar la tristeza que me produce recibir esas cartas cuando ha llegado él. Para no pensar en Madame Laurent, que me ha dejado su tienda como herencia. En el funeral de ayer. El hombre me cuenta que vive cerca, que toca la trompeta y sabe algo de saxofón. Mira mi partitura y me dice que piensa que los pensamientos que la dictan son tan negros como el conjunto de lencería que se lleva. 
Poco después cierro la tienda y cuando abro el buzón en vez de una carta encuentro muy arrugado el conjunto de lencería que yo le he recomendado.

5 comentarios:

Federico Calabuig dijo...

¡Que genial el dibujo! :D

Dara dijo...

¿Se atreverá a ponérselo?



pd: le mando desde aquí un cariño al gato blanco del segundo piso.

Engra dijo...

Muchas gracias!!! me ha encantado mi vida en París. Y la ilustración creo no puede ser más perfecta. Gracias a todos, un beso!

Vero Navarro dijo...

Preciosísima ilustración y muy bonito texto.

p.strange dijo...

La ilustración es perfecta. Todo muy Engra.

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